Para la escritora Neus Arqués, la portada es “la varita mágica que transforma un manuscrito en un libro”.

Los lectores se dejan influenciar por el diseño de la portada a la hora de comprar un libro. ¿Cuántos de nosotros recordamos cierta colección de libros infantiles por el color de sus lomos, o por la tipografía de los títulos?

No es para sorprenderse. En una época en la que todo, desde alimentos hasta automóviles, pasando por compañías de teléfonos móviles, portales de citas online o empresas de seguro, se vende apelando a lo visual, la industria del libro no se queda atrás.

La portada nos habla, nos transmite cosas que, en gran medida son la única información que tenemos hasta el momento del libro y de su autor.

Muchas veces los autores desperdician este medio de comunicación con el lector por dejar la decisión completamente en manos de terceros, como puede ser diseñador y editorial. Nadie mejor que quien ha escrito la obra puede transmitir en su portada el contenido del libro y conseguir atraer a los lectores potenciales hasta sus páginas.

¿Te has puesto a pensar que una mala portada puede influir en la escasa venta de un libro?

Definitivamente el diseño de la portada no puede salir más que del trabajo en equipo del autor-diseñador-editorial. Cada una de las partes aporta algo muy valioso para la creación de esta. El autor conoce su obra a la perfección y sabe lo que contienen sus páginas, tiene la idea clara de la imagen o imágenes que atraparán al lector, de los colores, y a veces, hasta de la tipografía. El diseñador, con todos sus conocimientos, explota al máximo las ideas del autor para obtener el resultado esperado, y la editorial, debe dar el dictamen final y ser cuidadosa en términos mercadológicos, precisamente para saber si será una portada vendedora.

Como editorial, hay que conocer las obras a la perfección, conocer a nuestros autores, platicar con ellos, que nos cuenten por qué han escrito esa obra, en quien o en que se han basado, si es experiencia propia, de alguien más o de su imaginación, dónde está ambientado, etc., sólo así podremos realmente tener un diseño sin la posibilidad de cometer errores que podrían ser irremediables.

No darse cuenta del valor de la portada equivale a envolver con periódico un bolso de Chanel: por muy bueno que sea el regalo nadie se espera que tras semejante envoltorio haya algo realmente bueno, de calidad. Y poca gente se atreverá a descubrir lo que hay dentro.

Delante de todo éxito editorial, hay una buena portada.