“Escribo para mí. Para mi placer. Para mi vicio. Para mi propia condenación”. Carlos Fuentes (1928 – 2012).

Tras la desgracia de perder a dos de sus hijos, el escritor no dejó de escribir y enaltecer el nombre de México en todo el mundo.

Carlos Fuentes, el “Dandy de las fiestas”, como era conocido en los años 50, decidió ser escritor a los 21 años. Se casó dos veces y tuvo tres hijos, dos de ellos murieron, pero el escritor mexicano aprendió otras cosas en la estimulante escuela de la vida.

Entre las amistades más destacadas de su adolescencia están la de Roberto Torreti, con quien compartió la pasión por la lectura y las primeras inquietudes por escribir historias. Sin duda esta relación inspiró en Carlos Fuentes el ideal de una amistad afectiva e intelectual que buscaría a lo largo de su vida.

A pesar de haber residido la mayor parte de su vida en el extranjero, México no era una tierra extraña para él, porque durante su infancia y adolescencia él y su hermana pasaban los veranos en las casas de sus abuelas.

Hacia finales de la década de los 40 y principios de los 50, él ya tenía una activa vida social. Él siempre impecable, bien vestido y cosmopolita.

Según el propio Carlos Fuentes, él decidió convertirse en escritor exactamente a los 21 años cuando vio a Thomas Mann, el legendario Premio Nobel de Literatura alemán, cenando en Suiza.

Su primer libro, “Los días enmascarados”, lo publicó en 1954, pero no fue sino con “La región más transparente”, su segunda obra, publicada en 1958, que igualó el éxito que ya tenía en sus relaciones sociales.

Cuando María de la Concepción Macedo Guzmán se casó con el escritor mexicano, ella era un rostro identificado por el público del cine mexicano y su nombre artístico era bien conocido como Rita Macedo. A la Rita de aquellos años el novelista la describió como: “Una bellísima actriz de perfil mestizo, morena, de grandes ojos rasgados y pómulos altos”.

Los años siguientes no fueron sencillos para el matrimonio. Él continuaba escribiendo a un ritmo impresionante y ella buscaba seguir con sus proyectos como actriz y atender a su pequeña y a sus otros hijos, finalmente vino el divorcio en 1969. Cada quien siguió sus carreras exitosas. Pero la vida de Rita tuvo un final trágico cuando le diagnosticaron cáncer y ella decidió terminar con su vida en 1993, a los 67 años de edad.

Para Carlos Fuentes, el principio de la década de los 70 estuvo marcado por una gran pérdida, la de su padre, en 1971, pero también por un encuentro fundamental con la periodista Silvia Lemus. Y en 1972 la pareja decidió casarse.

Al año siguiente de su unión nació Carlos, en París. Con él se repetiría la historia del escritor, que nació lejos de México y creció en distintas naciones. Lo mismo ocurriría con Natasha, nacida en Washington en 1974, el mismo año en que Fuentes fue nombrado embajador en Francia.

Sin embargo, la tragedia se presentó el 5 de mayo de 1999 cuando el hijo del escritor, Carlos Fuentes Lemus, falleció en un penthouse del hotel Camino Real de Puerto Vallarta por un infarto pulmonar a los 25 años.

Seis años después, Natasha sería el centro de otra tragedia en la vida del escritor.

Carlos Fuentes y su esposa no perdieron la energía ante los duros embates de la vida de los años recientes.

El escritor publicó un libro tras otro, exorcizando sus fantasmas en “En esto creo” y “Todas las familias felices”, escritos en las temporadas que pasaba en su casa de Londres, antes de volver a su residencia de San Jerónimo en la Ciudad de México.

Siempre tuvo mucha vitalidad. Falleció el pasado 15 de mayo de 2012, a los 83 años en la Capital Mexicana.

La vida es cruel en ocasiones, pero debemos agradecerle por los momentos inolvidables que nos brinda.